La vida no es esperar a que pase la tormenta,es aprender a bailar bajo la lluvia.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Precioso


Es increíble, aún parece que estoy tumbada en la arena, que jugueteo con ella con las manos, mientras el agua del mar baña mis pies. Era una sensación tan dulce que es imposible de olvidar. Estaba feliz, tranquila, en paz. Por supuesto, me gusta estar con las personas que quiero, pero, a veces, también viene bien alejarse de ellos por un tiempo. Estar rodeada de gente desconocida, sin ninguna cara familiar a mi alrededor, también contribuyó a esa paz que sentía. No extrañaba nada, ni a nadie, por raro que parezca. Me bastaba con el sol dorando mi piel y esa suave brisa marina con dulce olor a sal.
Me hubiese quedado eternamente allí, pero la realidad siempre acaba llamando a la puerta, quizá por esto ese momento fue tan especial, porque puede que nunca más vuelva a repetir esa sensación.

domingo, 22 de agosto de 2010

La misma historia.

Y aquí sigo, como una idiota, dejando que lo que más me importa se me escape de las manos. Pero las experiencias que pesan a mis espaldas me dicen que es mejor no intentarlo, pues al final acabaré perdiendo yo. Fui tonta al pensar que todo podía cambiar, que como si de un cuento se tratase, todo se solucionaría, mejoraría, e incluso, llegué a pensar, que podría sentirme bien. Ilusa de mí. Sólo me quedan unas horas para hacer todo lo que pueda, pero el miedo y el terror me paralizan, el miedo a que las cosas puedan cambiar. Si tuviese la certeza de que las cosas cambiarían, pero a bien, ya me hubiese arriesgado, pero nada me lo asegura. Qué impotencia, querer y no poder. El tiempo corre en mi contra, no quiero esperar más, pero tampoco me quiero arriesgar a perder lo poco que tengo, lo poquito que tengo de ti, aunque no sea más que una amistad.

martes, 10 de agosto de 2010

Tiempo.


Después de unos cuantos meses y una serie de acontecimientos que parecían haber cambiado todo, pensé que era inmune. Pero no, fue ver de nuevo su sonrisa y despertar de nuevo esas mariposas, esa sensación que creí que no volvería a sentir al tenerlo cerca. Hablamos, me reí, nos reímos. Sí, me sentía bien ahí, me hubiese gustado que ese momento no acabase nunca, pero aún así lo hizo.
Afortunadamente, un repentino encuentro, un casual y provocado encuentro, hizo que nos volviésemos a ver. Todo lo que pasaba a mi alrededor dejó de importarme, sólo me importaba él, sus ojos, su boca.
Entonces lo comprendí, ni un millón de años, ni una lista innumerable de sucesos, cada cual más influenciable en mí que el anterior, me harían olvidarlo.

viernes, 6 de agosto de 2010

Sleep.

Cansada. Estoy cansada de que mi estado anímico parezca una montaña rusa. Cansada de que mi felicidad dependa de las decisiones de otros. Cansada de estar siempre pendiente de un sí o un no. Cansada de no alcanzar mis sueños. Cansada de hablar. Cansada de esperar. Cansada de perder el tiempo, de querer olvidar, de no saber elegir. Cansada de escuchar qué es lo mejor para mí, sin siquiera dejarme a pensarlo por mí misma. Cansada de que todo me salga mal. Cansada de parecer siempre lo que no soy. Cansada de tanta incertidumbre, de no saber lo que me espera, de que todo se tambaleé. Cansada de hacer siempre lo mismo, de no saber vivir.
Pero, al menos, me consuela pensar que tanto cansancio se acabará en un mes, para bien, o para mal, pero al menos, se acabará.
Sí, estoy demasiado cansada...

martes, 13 de julio de 2010

Júralo.

Y es que todo era tan fácil de pequeños: el amor sólo era un juego, un problema eran deberes, trabajar parecía que no iba a llegar nunca, la felicidad aparecía a la hora del recreo, nos aburríamos en verano y deseábamos volver al colegio, el mayor placer se encontraba al llevar zapatos nuevos, cualquier desacuerdo se solucionaba a piedra, papel o tijera, los amigos eran eternos, y los sueños podían hacerse realidad...
Pero ahora, todo se complica, y es que ver las cosas como son a veces nos hace verlas más difuminadas. ¿Quién dijo que quería crecer? Supongo que todos hemos querido ser mayores alguna vez, incluso jugábamos a que ya lo éramos. "Lástima, sólo era un juego" me digo al ver el presente. Me gustaría volver a ese juego de papás y mamás donde todo era perfecto. Pero el tiempo corre, siempre corre, ya sea a nuestro favor o en contra, pero nunca se detiene; y desgraciadamente fue en contra de nuestro juego. Ya ves cómo son las cosas, de pequeños jugamos a casarnos, y de mayores seremos dos extraños.
"Te juro que volverá, ese amor verdadero de cuando era pequeño..."

martes, 15 de junio de 2010

¿y si pasamos un día juntos?

El amanecer de un día de verano es como el precioso llegar de una vida. Crecemos, al igual que el día va avanzando en su mañana. A primera hora, cuando aún somos unos niños y la mañana de verano muestra frescor aún es el momento más ideal de nuestra vida, no nos importa lo que venga después, queremos sacarle partido a lo que tenemos, no hay nada imposible. Pero el día se va adentrando en la mañana, ya es mediodía, y el niño en su adolescencia, si antes hacía frío, ahora brilla por su ausencia. El calor recorre nuestras venas, no existe nadie más que nosotros mismos. Y la tarde llega, serena, el calor pasó, pero todavía seguimos sintiendo esa rebeldía interna, ya no somos unos adolescentes, pero nos negamos a convertirnos en personas adultas. Anochece, y la luz se va, lo que tanto rechazábamos está aquí, la rutina se aprovecha de nuestras vidas, el cielo está nublado, no vemos las estrellas. Pero el cielo se despeja y podemos un universo plagado de estrellas, que nos hacen ver que no está todo perdido, que seguimos vivos, y que todavía cada momento es importante, y único, como el momento en el que estás observando al cielo y de repente pasa la estrella más espectacular que has visto en tu vida. La noche avanza, llegó la hora de dormir, la vejez llegó antes de lo esperado, todavía estaba viendo estrellas fugaces, pero no nos olvidemos, sigue siendo de noche. No porque estemos dormidos tengamos que dejar de ver estrellas, ahora, las soñamos. La vejez recompensa los esfuerzos vividos, al igual que las horas dormidas recompensan los esfuerzos diarios. Tristemente, no todas las noches, ni las vidas, son eternas, una nueva noche muere, y es precisamente este hecho el que hace que merezca ser vivida, porque sabemos que se acabará. Pero un nuevo día está apunto de llegar, todo lo que construimos el día anterior nos servirá ahora para seguir avanzando, todas las huellas que dejamos al recorrer esta vida servirán de guía a una nueva persona.

lunes, 24 de mayo de 2010

Azul.

Un segundo, un instante, una mirada, un cosquilleo, una tímida sonrisa. Miro hacia otro lugar, te vuelvo a buscar con la mirada, no estás, otra vez, deja de jugar. Vuelven otra vez los ojos azules, el cosquilleo, la timidez. Ahora los ojos hablan por si solos.

El tiempo no corrió a nuestro favor, ya llegó el final, me tengo que marchar. Jamás te había visto, y de repente era como si te conociese, pero no sé ni tu nombre.
¿Quien eres? Quiero encontrar esos ojos otra vez.

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